Infancia, maldita dulzura la tuya

Infancia, maldita dulzura la tuya

Infancia, maldita dulzura la tuya, que vienes y tan pronto te alejas de nosotros. Aquella que disfrutamos y que ahora lo hacemos desde nuestros hijos.

Infancia, maldita dulzura la tuya, que llegas y nos dejas pocos de los enormes y duraderos recuerdos. Recuerdos que nos vienen a la cabeza, recuerdos que vemos en los álbumes acumulados en la cómoda  del salón o en fotografías en  discos duros.

Tú, infancia, que nos proyectas todo lo que mejor hemos sabido hacer…  Tardes jugando al escondite, excursiones que se convierten en divertidas aventuras, comidas con las manos, besos con sabor a infancia y llenos de babas. Maldita dulzura la tuya, infancia,  que ahora te ves tan lejos,  pero a la vez tan cerca de nosotros como profesionales imprimiendote en cada uno de los bebés que juegan,  duermen o lloran en nuestros estudios de fotografía.

Maldita dulzura la que invade nuestros objetivos de fotografía y nos permite guardar para siempre está efímera etapa que se acaba con el timbre del último  recreo.

Gracias,  infancia,  por hacernos más fácil nuestro trabajo y disfrutar de los niños y por tanto de sus juegos divertidos o de sus sueños profundos que parecen nunca acabar. Pues cuanto más pequeños son  más dulces y más manejables en el estudio pudiendo  así  guardar instantáneas  dormidos.

Y es que no somos conscientes de lo fugaz que resulta el tiempo, y de que dejamos atrás de las etapas mejores de la vida, pensando que seremos eternos. Es por ello, por lo que desde Goyo fotógrafos tratamos de hacer de esos momentos algo más duradero, imprimiendo los momentos en fotografías de bebes para recordar. Maldita dulzura la tuya,  infancia, pues me quedo con tu sonrisa para siempre.